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Pastel de banano

Por: Frailejón Desnudo

Las mosquitas sobrevolaban el pastel de banano con evidente asco, como queriendo vomitar sobre aquel. Cerca de la hermosa ventana, los zancudos miraban muy celosamente a las mosquitas, envidiándoles la suerte de éstas de poder vomitar sobre aquel asqueroso montón de pastel y crema batida. Pero la azarosa suerte nunca espera, y mientras los zancudos se encontraban observando del otro lado de la ventana, el Baygón del ofendido dueño del pastel se encargó de las horribles moscas, se filtró por debajo de la hermosa ventana y se ocupó también de los desgraciados zancudos. Y después dicen que la vida no es bella…

Amarillo

Por: Alfonso Durán Rincón

Un color amarillo comenzó a percibir de repente lo monótono de ser siempre amarillo. Aunque lo combinaran con las luces y las sombras, y por esta razón adquiriera otros matices, continuaba siendo eso, el color amarillo, y eso ya no le impresionaba, ni en lo más mínimo. Decidió que ya era hora de hacer un cambio en su vida, de pasar el pasado, de olvidar su soso color, y convertirse en definitiva, y para siempre, en otro que no tuviera ningún parecido con lo que, por defecto, ya era. Trató de negociar con otros colores; trató de tinturarse por vías artificiales; mezcló con más cuidado las luces y sombras; todo fue en vano: Los colores se negaron a entregar su esencia por los caprichos de un tonto amarillo, y las tinturas y las mezclas de luces con sombras sólo lograban darle los tan desagradables matices que siempre despreció. Vagó por el mundo, cansado de ser parte del espectro del sol, de estar en los pétalos de la flor de la retama, de estrujarse entre las pepitas de la mazorca, de verse junto a las manchas negras del plátano maduro, de confundirse con el dorado del oro, de mezclarse con el delicioso jugo de maracuyá, de ser un color más, entre los siete que conforman el arco iris. Desencantado, decidió acabar con su existencia; pensó que aquella era la única forma de abandonar lo que era y que ya no quería seguir siendo. Pero cuando agarró la navaja y se cortó las venas, se dio cuenta de lo fútil que era escapar de su destino, como sí lo estaba haciendo de él su sangre, tan amarilla como su dueño, que corrió libremente por todo lo que fue, como orgullosa de sí.

Karma

Por: Luís Tambró

Cuando Miguel cumplió 14 años recordó sus vidas pasadas. Al enfrentarse al dolor de haber sido un genocida alemán en su vida numero 318, decidió no arriesgarse y quitarse ésta, su vida 320, de la misma forma en que se quito la anterior, como protestando por las malas decisiones que ha tomado Dios.


(Ilustración de Fernando Caicedo)

Un transeúnte menos

Por: Luís Tambró

Hay un ave muerta en medio de la calle y me acerco a observarla. Rapaces imágenes se chocan detrás de mis ojos, mientras el bus que estuve esperando por 10 minutos, sin frenar por completo, me lleva al inminente fin de esta vida.

Intimidad con un café

Por: Luís Tambró

Las ramas de mi voz se entretejen con tu piel, mientras me devoras y yo te bebo. En ocasiones lo único que lamento es la ingenuidad con que te acerco a mi mesa:

- Un café, por favor.


(Ilustración: Fernando Caicedo)
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